Hay una conversación que se está dando en los directorios de los bancos peruanos más activos, y no gira alrededor de regulación. Gira alrededor de una pregunta mucho más interesante: ¿cómo convertimos los datos que ya tenemos en nuevos negocios?
En este contexto, conceptos como Open Banking y Open Finance se vuelven especialmente relevantes para el mercado peruano. Open Banking es la práctica que permite a los clientes compartir de forma segura su información financiera (como saldos y movimientos bancarios) con terceros autorizados a través de interfaces de programación de aplicaciones (APIs). Open Finance amplía este alcance, integrando no solo cuentas bancarias, sino también productos de seguros, fondos de pensiones y fintechs, permitiendo una visión financiera unificada y colaborativa.
El Open Finance en Perú no es un reto técnico ni regulatorio, es una decisión de posicionamiento estratégico. Quien actúe ahora podrá transformar los datos en motores de nuevos negocios, antes de que el estándar se vuelva obligatorio para todos.
El momento en el que está el mercado Peruano
La Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) publicó su Hoja de Ruta para el Sistema de Finanzas Abiertas (SFA). El camino está trazado: estándares técnicos en 2026, primer intercambio de datos en 2027, y una expansión progresiva hacia seguros, AFP y fintechs en los años siguientes.
Es un proceso gradual, bien pensado, y diseñado para que el mercado se prepare. Pero hay algo que esa hoja de ruta no dice explícitamente, y vale la pena nombrarlo: los bancos que lleguen a 2027 habiendo construido su arquitectura de Open Finance con tiempo tendrán una ventaja que no estará disponible para los que empiecen cuando todos empiecen.
No es una ventaja regulatoria sino una ventaja de mercado.
Lo que está en juego no es cumplimiento, sino negocios nuevos
Open Finance no es solo una forma de compartir datos entre instituciones. Es una plataforma para construir modelos de negocio que hoy no existen, o que existen de forma costosa e ineficiente.
Pensemos en tres ejemplos concretos:
Banking as a Service.
Un banco que expone sus capacidades (depósitos, crédito, pago) a través de APIs puede llegar a segmentos que hoy no atiende directamente, a través de fintechs y plataformas digitales que actúan como canal. Sin sucursales, sin estructura adicional.
KYC como servicio.
El proceso de conocimiento del cliente es uno de los más costosos para cualquier empresa que quiera incorporar usuarios. Un banco que empaqueta esa capacidad como servicio y la ofrece a terceros crea una línea de ingreso nueva a partir de algo que ya hace todos los días.
Scoring enriquecido.
El 33% de adultos peruanos tiene crédito formal. El resto no, en muchos casos no porque sean malos pagadores, sino porque no tienen historial. Con datos transaccionales compartidos bajo consentimiento, el perfil de riesgo de esas personas cambia. Y con él, la capacidad de los bancos de atenderlos de forma rentable.
Ninguno de estos modelos requiere esperar a que la SBS publique sus estándares finales. Requieren una decisión y una arquitectura correcta.
La ventana que existe para el Open Finance
En los mercados donde Open Finance ya maduró (como en el caso de Brasil, Chile y Reino Unido) el patrón se repite: las instituciones que entraron primero no lo hicieron presionadas por la regulación. Lo hicieron porque vieron la oportunidad antes que los demás. Y cuando llegó la obligatoriedad, ya tenían modelos operativos, socios en el ecosistema y una curva de aprendizaje recorrida.
Los que esperaron llegaron a implementar lo mismo que todos, al mismo tiempo, compitiendo por el mismo talento escaso, negociando con terceros que ya tenían acuerdos con otros bancos.
En Perú esa ventana está abierta ahora. No indefinidamente, pero sí hoy.
El banco que construye su capa de Open Finance antes de que sea obligatorio elige con quién se integra y en qué condiciones. Diseña su modelo de monetización sin presión. Comete los errores inevitables de una primera implementación cuando todavía hay tiempo de corregirlos. Y llega a 2027 con algo que sus competidores están recién empezando a construir.
Lo que hace diferente a los que están avanzando hoy
No se trata de adivinar exactamente qué publicará la SBS. Los estándares internacionales que la regulación peruana va a adoptar ya existen y están probados: FAPI 2.0, OAuth 2.0, OpenID Connect. Los equipos que construyen sobre esos frameworks hoy no están apostando, están tomando la decisión técnica correcta, independientemente de lo que diga la norma.
La diferencia entre una implementación que genera valor y una que genera deuda técnica no está en la tecnología. Está en las decisiones de arquitectura que se toman al inicio: si los consentimientos están bien modelados, si la integración con el core está abstraída, si el modelo de monetización está definido antes de que la primera API salga al mercado.
Esas decisiones son más fáciles de tomar bien cuando no hay un deadline regulatorio encima.
Una reflexión final sobre finanzas abiertas
El Open Finance en Perú es una de esas oportunidades que se presentan pocas veces: un cambio estructural del mercado que todavía está en sus etapas iniciales, con casos de uso claros, evidencia internacional de lo que funciona y una ventana para actuar antes de que la presión llegue.
La pregunta que vale hacerse no es cuándo va a ser obligatorio. Es qué posición quiere tener tu banco cuando lo sea.